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lunes, 9 de mayo de 2016

"Palabras de Caramelo" #sordera

Palabras de Caramelo es un cuento infantil sobre Kori, un niño sordo al que le encantan los camellos. Kori cree que los camellos hablan porque mueven sus labios como los mueven las personas. 

Su mejor amigo es Caramelo, un camello con el que le encanta pasar su tiempo. 

Fatimetu, su maestra, le enseña a escribir, a pesar de creerlo algo imposible. Cuando aprende, anota todo lo que su amigo Caramelo le cuenta, escribe las palabras de Caramelo.

jueves, 3 de marzo de 2016

"El libro negro de los colores"

El libro negro de los colores es un cuento adaptado de Menena Cottin y Rosana Faria, escrito en Braille y en castellano.

Un cuento cuyo protagonista es Tomás, quien acerca a los niños invidentes algo tan complicado de entender como son los colores.
  "...el color verde huele a césped recién cortado y sabe a helado de limón."


Las ilustraciones del cuento están en relieve, son sencillas y ayudan al niño a imaginarse lo que lee.

Al final del cuento aparece el alfabeto en Braille para que todo el mundo pueda leerlo, aún sin conocer el sistema.

El sistema Braille fue inventado por Louis Braille (1809) que se quedó ciego a la edad de 3 años y asistió a la primera escuela de ciegos en París fundada en 1784 por Valentín Haüy. En el año 1825 y basándose en el sistema de escritura nocturna de Charles Babier, Louis Braille presentó su sistema basado en la combinación de seis puntos en relieve sobre un cajetín de 5 mm de alto x 2.55 mm de ancho. 





miércoles, 10 de febrero de 2016

"El grito de la gaviota" Emmanuelle Laborit

El grito de la gaviota narra la historia de Emmanuelle, una joven que con 22 años ya conocía mejor que nadie el significado de la palabra soledad. Inicialmente estuvo incomunicada con el mundo exterior a causa de su sordera hasta que a los 7 años conoció el mundo del lenguaje de signos.
En 1991 se empezó a enseñar lengua de signos en los centros de educación de sordos, Emmanuelle participó en la lucha por conseguir que las personas sordas tuvieran su propia identidad y se pudieran comunicar en lengua de signos, prohibida durante mucho tiempo en Francia.
Un libro esencial para todos aquellos interesados en conocer la cultura sorda. A continuación os dejo el resumen personal del libro, capítulo a capítulo:

1. Confidencia
Las palabras eran una cosa rara para Emmanuelle. Su cerebro funcionaba en presente, cuando comprendió que el pasado estaba detrás de ella y el futuro delante, supuso un progreso inmenso para ella. A los 7 años tomó conciencia de quien era. El lenguaje de signos era su verdadera cultura.
Nadie la creía capaz de escribir un libro, con él nos quiere decir lo que siempre ha callado.

2. El grito de la gaviota
Gritaba porque quería escucharse, eran como los gritos de una gaviota. Su tío Fifou dijo que Emmanuelle gritaba porque no oía. Sus padres la llevaron al pediatra que no les creía. Llegaron incluso a pensar que tenía problemas psicológicos antes de descubrir que era sorda. Fue a los 9 meses cuando recibieron la noticia de que había nacido sorda profunda. Hasta los 7 años los recuerdos son extraños, no había idea de tiempo en su cabeza, no relacionaba las cosas.

3. El silencio de las muñecas
El aprendizaje de la comunicación comenzó por el método Borel-Maissony con una ortofonista que mostró a la madre que era posible mantener una relación con su hija a pesar de la sordera. Gracias a la ortesista su relación mejoró.
Recomendaros a los padres que no utilizaran la lengua de signos.
Los colores y la luz ayudan a Emmanuelle a imaginar el mundo. Tiene ojos para comprender.

martes, 9 de febrero de 2016

"Resultado final". Lidia León.

Lidia había llevado una vida completamente normal hasta que a los 14 años empezaron a aparecer en ella síntomas de una enfermedad conocida como neurofibramotosis II. Tuvo que ser intervenida quirúrgicamente en varias ocasiones aunque resultaron ser un fracaso. Aprendió a vivir con las limitaciones que le generaba la enfermedad, y las consecuencias negativas provocadas por las propias intervenciones: tenía problemas de equilibrio, parálisis facial en el lado izquierdo, perdió la audición y una úlcera en el ojo le hizo perder visión, aunque tenía restos visuales en el otro. A pesar del cambio que esto supuso en su vida, Lidia no dejó de luchar por tener una vida normalizada, y lo consiguió.

Lidia había llevado una vida totalmente normal hasta que una enfermedad se puso en medio y llenó su vida de obstáculos, unos obstáculos que admirablemente fue superando. Su vida era una lucha constante por superar la enfermedad que cada vez le alejaba más del mundo que ella conocía. A pesar de su lucha, la enfermedad se impuso en su vida, pero Lidia aceptó su nueva condición y no perdió la ilusión por conseguir todo aquello que se había propuesto. Acabó sus estudios de Educación Social en la universidad, aprendió nuevos sistemas de comunicación y se adentró en la comunidad sorda, además conoció y compartió vivencias con personas con su misma condición, la sordoceguera.

Es cierto que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos, es entonces cuando realmente lo echamos en falta. Es normal que el mundo se nos caiga a los pies ante una situación así, pero lo más importante es saber levantarse, recuperar la ilusión de vivir y aceptar la realidad para poder superarla.
Muchas veces la realidad nos supera porque no es como esperamos pero tenemos que aprender a convivir con ella y a sacarle el lado bueno, a pesar de la dificultad que esto entraña. Cuando vivimos una situación difícil, las personas de nuestro alrededor no paran de decirnos que estemos tranquilos, que de todo se aprende, que de lo malo también se sacan cosas buenas, pero esto lleva su tiempo. Y sí, esto es cierto, pero hay que vivirlo, hay que sufrirlo, y hay que aceptarlo para poder superarlo, aprender y crecer a su vez.

El relato de Lidia León hace que cualquiera se replantee su vida y el valor de sus preocupaciones. Muchos problemas que frenan nuestros objetivos y que creemos imposibles de solucionar, se amontan en la cima de una estructura sin cimientos ante una historia como esta. Nuestros cimientos deberían ser las ganas de vivir, las ilusiones, los sueños, las metas que queremos alcanzar en nuestra vida y que nos hacen verdaderamente felices; sin embargo, muchas veces nos olvidamos de eso y amontonamos cosas insignificantes encima: miedos, frustraciones, desengaños, etc. que consiguen pesar más que los cimientos y nos hacen tambalearnos e incluso caer.

Relatar su historia y la evolución de su problema no solo ha ayudado a que su vida mejore, sino que ha conseguido hacerse un hueco y dejar huella en todos aquellos que hemos decidido conocerla, de una manera u otra. Admiro su filosofía de vida, su capacidad de superación, su constancia en la lucha por conseguir sus objetivos y la vivacidad de sus ilusiones. Lidia es todo un ejemplo de superación personal.

Muy recomendable para todos aquellos que nos dedicamos a la educación y que nos apasiona el mundo de la discapacidad.